Por  Josehin Quiñones Acosta.

Soy de República Dominicana, y en esos, mis momentos de cierto ocio,  busco en las redes las actuaciones de nuestros grandes artistas, en escenarios internacionales, y como es natural, al primero que  busco es a Juan Luis Guerra.  Veo con orgullo, las lindas opiniones que sobre el dan sus admiradores en toda Hispanoamérica, en países como Brasil o Angola incluso, atreviéndose a decir, algunos, con hiperbólica admiración, que este señor es anormal, o que es extraterrestre. 

En fin, son muchas las opiniones, que a los dominicanos, nos llenan de orgullo, y nos alegramos de compartir la nacionalidad, con  este gran artista, que ya no es nuestro, que también es propiedad del resto del mundo.  Pero no enfoco a Juan Luis, solo por mi admiración personal, sino, que se, y de lo mismo estoy infinitamente seguro, que en nuestro país, se tendrá que hablar, por los siglos de los siglos,  tomando como referencia el antes y el después de Juan Luis Guerra.

Pero, a que viene esto de ensalzar tanto  esta admiración, pues viene, a que he notado, que el efecto que se produce en cualquier individuo, que no siendo de esta media isla, admire nuestra música, que les guste la misma, siempre tendrá el deseo de conocer nuestro terruño.

No obstante, no hablo solo del efecto de la música.   Pues también el efecto del icono constituido por monumentos, que también, con solo imaginarlos o mencionarlos, hace que nuestra  imaginación, vuele hacia ese país, paraje o terruño.

Y podría preguntarme entonces, Que sería parís, sin la Tour Eiffel, que sería Francia, sin Degaulle, sin Aznavour,  que sería India, sin el Taj Mahal, que seria, New York, sin la  Estatua de la Libertad,  que serian los Estados Unidos, sin la dinastía Kennedy, sin Jackie, sin Martin Luther King.

Entonces,  debemos convenir, que todos estos individuos, monumentos, se constituyen en elemento motivador, para que  muchas personas, quieran conocer  lejanas tierras, por admirar los iconos y  con solo la esperanza  de ver personalmente tales monumentos, o por lo menos caminar o imaginarse por donde caminaron, este u otro personaje a quien inevitablemente admiran.

Cabe , en mi sincera opinión,  decir, que reconozco, que la historia, es de verdad importante, porque además de ser orientadora de la importancia de obrar bien , o de trascender, nos da la oportunidad de dejar el poema de la vida, grabado a golpes de uñas en la pared contigua al camino por el que transitamos en esta vida.

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