Enrique Hernández, “El Indio Bravo”, primer pítcher dominicano.

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En nuestra historia beisbolera hemos tenido muchos lanzadores que han sabido poner en alto el orgullo y prestigio del pelotero dominicano, tiradores que se destacaron a nivel local e internacional.

Nombres sobran, ahí están las figuras de Juan Marichal, Pedro Martínez, Joaquín Andújar, Mario Melvin Soto, Danilo Rivas, Loro Escalante, Andrés Julio Báez (Grillo , Bartolo Colón, Guayubín Olivo, Pedro Borbón, Luis Castro (Niño el Zurdo), Gustavo Lluberes, Chichí Olivo, Silvano Quezada, Fellito Guerra, Manolete Cáceres, Negro Durán, Bombo Ramos, Mero Ureña, Pedro Alejandro San, Sijo Gómez, Turco Prieto, y doscientos más.

Vamos a llevar a ustedes, nuestros amables lectores, la vida deportiva de un gran lanzador de otros tiempos, muy atrás. Su nombre: Enrique Hernández, mejor identificado como “El Indio Bravo”. Este atleta y deportista Nació en Santo Domingo el 16 de Septiembre de 1895, en una capital de entonces poco poblada y con reducidas actividades. Enrique Hernández encarnaba la bravura del hombre indígena, atleta fornido, de color indio y pelo negro.

Como deportista fue un ídolo, como cazador un campeón y como pescador, decían que sus únicos camaradas eran los tiburones, a quienes acosaba con los remos de su frágil botecito y en otras ocasiones, cuando era abundante la pesca, compartía con los escualos sus presas, por lo que fue llamado INDIO BRAVO…Enrique debutó en las lides beisboleras de primera categoría con el team Ozama, teniendo como receptor al nombrado Alberto Cáceres. Al disolverse el Ozama, pasó a formar parte del Nuevo Club en 1911, recibiéndole el entendido Paco Siragusa.

Allí con los nuevos clubistas se consagró como el más brillante lanzador de su época.

En aquellos tiempos se rumoraba que Hernández era el más notable pitcher de todas las Antillas, decir que fue demostrado más tarde cuando retirado del béisbol, fue llamado a enfrentarse a un team compuesto por Estrellas Profesionales de Puerto Rico, y a pesar de tener dos “golondrinos” debajo de los brazos” dejó en ocho ceros y una sola carrera por error, a la formidable batería boricua. Cuando el partido concluyó, Indio Bravo sangraba profusamente de los brazos.

En otra ocasión se formó una novena para jugar contra el equipo de béisbol del cañonero norteamerican “Petrel” que se encontraba en puerto. El juego llegaba a su fin y en el último inning, perdiendo por tres carreras el equipo dominicano empezó a embasarse. Pero faltaba un bate emergente que llevara un poco de esperanza a los ánimos caídos de las graderías parciales. Un rayo de luz iluminó a uno de los jugadores que exclamó: “Enrique Hernández está pescando en las peñas”. Enrique fue traído. Las bases estaban llenas y dos outs daban más dramatismo al momento. El Indio Bravo se enfrentó al lanzador diciéndole: “A estos comejobos les bateo con una mano”… y agarrando el bate con una sola mano, al primer lanzamiento… la bola fue a parar junto a una de las torres del telégrafo sin hilos, ubicada entre el right y center field del terreno de juego. Cuando el jardinero devolvió la bola al cuadro, ya habían cruzado por el home las cuatro carreras de la victoria.

El 4 de marzo de 1913, el Nuevo Club, con Enrique Hernández en la lomita central derrotó al team del crucero acorazado “Petrel” en uno de los juegos de más corta anotación y después de un magnífico duelo de lanzadores muy emocionante. Al Indio solamente le batearon cuatro hits, sencillos todos y ponchó a ocho marineros.

El 24 de septiembre de 1913, el boricua Manuel Mútis y Enrique Hernández, en colaboración, blanquearon al combinado “Nashville”. Mútis lanzó durante las primeras cuatro entradas, le dieron un hit (el solo metrallazo de los visitantes) estrucándoles 10 bateadores. Al Indio no le hitearon y ponchó 7. Ningún marino pudo llegar a tercera y sólo dos lograron pisar la inicial.Para un lanzador de béisbol lo más difícil de realizar es tirar un partido en que sus contrarios no anoten carreras ni conecten hits. Para poder ofrecer esta clase de labor se necesitan muchas condiciones. Tiene que dominar a todos los bateadores que se le enfrenten en nueve entradas.Si es un juego perfecto tendrá que retirar a 27 bateadores.

Esto todavía es más complicado. Es tan arduo lanzar un juego de los llamados “sin hits ni carreras”, que muchos grandes pitchers, en todos los países donde se juega este pasatiempo, no llegan nunca a tirar esas proezas del box.Aun cuando los dominicanos empezamos a jugar pelota en 1891, no fue hasta el 1914, 23 años más tarde, cuando por vez primera un lanzador pudo tirar un juego de esa especie.

El autor de esta extraordinaria labor, Enrique Hernández, mejor conocido como El Indio Bravo, fue uno de los mejores serpentineros criollos de todos los tiempos. El libro “El Béisbol en Santo Domingo”, de Natalio Redondo, al referirse al inolvidable juego lanzado por el Indio, dice lo siguiente: “Septiembre 20 del 1914.- El “Nuevo Club” venció a la potente novena del crucero “Washington”, fulminándolos con nueve ceros, obsequiados por Enrique Hernández, quien logró el primer partido sin hits ni anotaciones en Santo Domingo.

Un solo jugador del “Washington” pudo llegar a la primera base favorecido por el único error cometido por los nuevoclubistas en aquella tarde memorable. Enrique estrucó, según información que hemos obtenido, veintiún marinos, como récord nacional en ese aspecto”. Redondo también señala en su libro que Enrique Hernández fue el primer brazo fuerte del béisbol nacional. Hasta 1920 no hubo un lanzador dominicano de más prestigio, brillo, hazañas y proezas que el Indio Bravo. Él fue nuestro mejor pitcher en aquel béisbol.

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